Volví a levantar la cabeza. Ella estaba en el ordenador, tecleando algo. La había visto muchas veces hacer lo mismo, sin ni siquiera mirarme. Parecía muy concentrada. Apoyé la cara en el colchón. Suspiré. Así se estaba mucho más fresquito. Encima, tenían puesto el aire acondicionado. Más fresquito todavía. Me estiré. Parpadeé varias veces. Estaba tan a gusto que me estaba durmiendo. "¿Por qué no?" me dije. "Al fin y al cabo, soy una perra. Puedo dormir todo lo que quiera".
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