
Qué divertido es estar enfermita. Te encuentras hecha polvo pero puedes vaguear todo lo que quieras que nadie te va a decir nada. Duermes mucho, te pasas el día en la cama o el sofá, te pones en el pc, vuelves a la cama, lees, duermes... Se hace mucho y poco a la vez. Lo más divertido es en invierno. Todo el mundo tiene que ir al colegio, a la universidad, al trabajo, a la compra... pero tú no. Puedes remolonear en la cama y si te dicen algo, con un poco de tos o carita de Gato con botas ya te dejan seguir durmiendo. Te tapas con 50 mantitas, y lo tienes todo a mano. Y con suerte, alguien (ya sean padres, novio o marido) te trae un zumo o algo para comer. ¡Entonces ya no tienes que levantarte! Eso sí es el paraíso.
La parte mala es que mientras haces todo lo que he dicho arriba, no puedes hacer la faena que tenías planeada. Se te acumulan deberes, trabajo, etc y cuando llegas al mundo de los vivos/sanos, se te viene todo encima. Te pones a trabajar como una máquina y cuando te das cuenta, sigues trabajando, trabajando y trabajando. Hasta que te pones enferma y vuelta a empezar.
¡Si es que es un círculo vicioso!

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